Homeopatia

En los últimos años ha surgido una profunda revolución en el pensamiento sobre la salud y la enfermedad. En su resurgimiento ha influido el desarrollo de la psicología, la visión del hombre integral la conciencia espiritual y mística e incluso la conciencia ecológica. Es una revolución surgida del alto grado de educación alcanzado en nuestros días. El concepto básico es que cada uno de nosotros es un todo integrado. No estamos fragmentados en partes cada una de ellas con su enfermedad y diagnostico determinados. Cada uno de nosotros es un individuo único pleno y completo que actúa como una totalidad en relación con él universo que nos rodea. El segundo principio básico de este enfoque holístico es que, en realidad, la única manera de curar una dolencia es aumentar la salud de la persona afectada. Existe la idea fundamental de que todos los seres vivos están animados por una fuerza vital (llamada por los chinos energía “Chi” y por los hindúes “Prana”) no ha sido todavía aislada o medida científicamente pero sabemos que cuando se perturba conduce a la enfermedad y cuando se estimula conduce a la salud.

¿Que es la homeopatía?

La homeopatía es una ciencia basada en reconocer la capacidad innata del organismo para mantenerse en equilibrio, es decir, sano, gracias a la fuerza vital que regula nuestras funciones y reacciona de manera automática ante las agresiones externas con el objetivo de devolver la salud. Esta capacidad de la fuerza vital la poseen todos los organismos vivos y representa la capacidad curativa de la propia naturaleza. Pero esta cualidad es limitada. El medicamento homeopático interviene en este esfuerzo natural del organismo, estimulando las reacciones defensivas del sistema inmunitario y de regulación nerviosa. Actúa a favor del cuerpo, nunca en contra de los síntomas, ordenando y acelerando el proceso de curación del propio ser vivo. Este proceso de estimulación a favor del cuerpo se puede llevar a cabo mediante la técnica de administración del medicamento, basada en la ley de similitud. Ahora hablaré de cómo se descubrió ésta ley fundamental.

Acción de la Homeopatía

La primera experimentación de una sustancia medicinal para comprobar sus efectos la llevó a cabo el doctor Samuel Hahnemann hace más de 200 años. Traduciendo la materia médica de Cullen, se fijó en la explicación que daba Cullen sobre la eficacia de la corteza peruana en el tratamiento de las fiebres intermitentes. Según Cullen, su eficacia era debida a su sabor amargo y su acción tónica y astringente sobre el estómago. Hahnemann se sintió tan insatisfecho con esta explicación que decidió hacer algo insólito en aquella época, tomo unas cuantas dosis de corteza peruana y describe el resultado de la siguiente manera:

“…tomé‚ dos veces al día, de forma experimental 4 dracmas de corteza peruana. Primero se me empezaron a enfriar los pies, las puntas de los dedos, me entró languidez y somnolencia, el corazón me empezó a palpitar y el pulso se hizo lento y dificultoso; sentí una ansiedad insoportable, temblores, debilidad en brazos y piernas; luego latidos en la cabeza, enrojecimiento de mejillas, sed y en resumen aparecieron todos los síntomas característicos de la fiebre intermitente, uno por uno, pero sin la sensación de intenso frío y tiritera. En pocas palabras, aparecieron incluso todos esos síntomas especialmente característicos que surgen normalmente, tales como, mente confusa, rigidez en los miembros y sobre todo la desagradable sensación de entumecimiento generalizado que al parecer se produce en el periostio a lo largo de todos los huesos del cuerpo. Este paroxismo duraba unas dos o tres horas y reaparecía cada vez que repetía la dosis, pero no en ningún otro momento. Dejé de tomarla y recuperé la salud.”

… y Hahnemann concluye:

“La corteza peruana que normalmente se utiliza como remedio para la fiebre intermitente, actúa así porque tiene la capacidad de producir síntomas similares a los de la fiebre intermitente en personas sanas”. Así fue, como Hahnemann llegó a la Ley de Similitud. Posteriormente trabajó incansablemente experimentando numerosas sustancias y pensó que ya había probado y experimentado lo suficiente y empezó a aplicarlo a sus pacientes. Pero observó que aunque él paciente mejoraba de sus síntomas, dichas sustancias solían provocar un empeoramiento de los síntomas. Por otra parte, Hahnemann quería probar algunos de los medicamentos más utilizados en aquella época- como el mercurio y el arsénico- pero naturalmente no podía dar esas sustancias tóxicas a individuos sanos; entonces diluyó en una décima parte la cantidad habitual; el paciente seguía curándose pero la agravación de los sintamos persistían. Hahnemann entonces volvió a diluir en una décima parte más hasta que finalmente obtuvo una dilución que era completamente ineficaz por que ya no quedaba en ella medicamento Alguno. Las ventajas de la simple dilución eran claramente limitadas. Si la medicina no era lo bastante fuerte para agravar los síntomas, era demasiado floja para curar. El futuro de la homeopatía parecía entonces peligrar. ¿Qué asombroso descubrimiento hizo entonces Hahnemann ante esta fase critica? No se sabe bien con exactitud como halló el procedimiento; surgió probablemente de sus conocimientos de química. Sea como fuere, sometió a cada dilución a una serie de vigorosas sacudidas denominadas dinamizaciones y descubrió que las diluciones progresivas no sólo eran menos tóxicas, sino también más potentes. Hahnemann había hallado solución a un problema aún sin resolver en la historia de la medicina, el problema de los efectos secundarios en los medicamentos. Lo que Hahnemann había descubierto es que en cada sustancia de la naturaleza yace oculta cierta vida interna. Se puede movilizar y utilizar esta fuerza si sabemos cómo procesar de forma correcta las sustancias. Experimentos científicos han demostrado que es posible reducir una sustancia a su estado molecular y aislar una molécula; esta molécula tiene una movilidad automática e incesante, conocido el movimiento como movimiento Browniano. Cada átomo y molécula posee una gran energía las partículas contenidas en los átomos se mueven a velocidades cercanas a la de la luz. Conocemos que la fusión o fisión de átomos libera una enorme cantidad de energía. De estas observaciones se deduce: Que en las sustancias materiales aparentemente sólidas, yacen dormidas grandes cantidades de energía. Las repetidas diluciones y dinamizaciones de un medicamento homeopático liberan Una gran energía curativa inherente a la sustancia original.

Ley de similitud

Por un lado tenemos una sustancia que administrada a una persona sana produce unos síntomas. Por otro lado tenemos los síntomas de enfermo. La ley de similitud nos indica que la curación se obtendrá, dándole al enfermo aquella sustancia capaz de provocar los mismos síntomas en un individuo sano. Dicho de otro modo, esta ley define que el remedio mas adecuado para curar una enfermedad, es aquella sustancia que administrada a personas sanas produce los mismos síntomas que los que presenta en paciente al que se quiere curar. Por lo tanto, antes de que cualquier sustancia sea administrada como remedio, hace falta que sea experimentada en personas sanas y en dosis adecuadamente bajas y repetidas mediante un proceso llamado experimentación. El conjunto de todas las experimentaciones se denominan patogenesias. Y estas forman lo que se denomina la materia medica homeopática. El libro donde están recogidos todos los síntomas y los medicamentos que producen dichos síntomas durante la experimentación se denomina repertorio Así pues, el homeópata, para llevar a cabo la búsqueda del remedio más similar se basa en el conocimiento profundo de los principales remedios (o sea, la materia medica) y en la consulta de los repertorios.

Homeopatía unicista, pluralista y complejista

¿Pueden darse varios remedios a la vez al mismo enfermo? Esta pregunta ha agitado mucho el mundo homeopático dividiéndolo en unicistas, que dan, según las recomendaciones del mismo Hahnemann, solamente un remedio. En pluralistas, que dan varios remedios complementarios y en complejistas, que proponen formulas preparadas que contienen numerosos remedios. Hay que comprender que el mensaje homeopático es de orden energético, como el trasmitido por nuestra propia voz. Si nos habla una persona comprendemos fácilmente lo que nos dice; si varias personas hablan juntas, la cosa se vuelve más confusa y si es una multitud se produce un guirigay. Ello explica que no se puedan tomar a la vez todos los remedios de un maletín homeopático para curar todas las enfermedades. Hay que individualizar cada caso.

Síntomas, su valor y significado en la clínica homeopatica

Entre las características normales de un sujeto sano y los síntomas, no hay diferencia esencial si no de grados. En otras palabras, los síntomas no son más que distintos grados de las características anímicas del estado psíquico normal. En el estado de enfermedad, las cualidades psíquicas están aumentadas disminuidas o deformadas. En el sujeto sano, es decir, en equilibrio, los rasgos de carácter apenas se advierten, mientras que en los enfermos, algunos de esos rasgos de intensifican, se acentúan, se agudizan, de tal forma que cualquiera los nota. Los síntomas no son otra cosa que la expresión de la perturbación de la fuerza vital. Los síntomas, por definición, son patológicos. El síntoma es sufrido por el enfermo o produce sufrimiento en el semejante. Siempre implica una inadaptación al medio. El hombre enfermo es esclavo de sus síntomas y estos condicionan su conducta.

Como se produce la curación en la homeopatía?

No es difícil descubrir que significan los síntomas de una enfermedad, que muestran, que dicen: son los medios por los que la naturaleza lucha para liberar al organismo de la enfermedad. Todo organismo posee un mecanismo de defensa (una manifestación de la fuerza vital que actúa en la enfermedad), que se pone en marcha tan pronto como el organismo es invadido por un agente patógeno externo o interno. Sabemos que todas las enfermedades infecciosas tienen un periodo de incubación, durante el cual el paciente, no se da cuenta que esta enfermo; los síntomas aparecen tras ese periodo de incubación, que puede durar horas o días. Esta es la primera clave que conduce a la teoría de la concepción dinámica de la enfermedad. Este trastorno dinámico que sacude a todo el organismo afecta, en primer lugar, al campo electromagnético del cuerpo humano. La intensidad de estos campos puede medirse y se ha comprobado que son muy dinámicos, cambian continuamente de intensidad según las alteraciones de la conciencia, cambios emocionales, por la ingestión de alcohol o drogas e incluso modifica la capacidad de contraer la enfermedad. Los campos electromagnéticos se caracterizan por el fenómeno de vibración. Cuando los electrones dan vueltas alrededor del núcleo atómico, oscilan hacia delante o hacia atrás con una frecuencia especifica determinada por el tipo de partícula sub-atómica y su nivel de energía. El punto principal es que todo existe en un estado de vibración y todo campo electromagnético se caracteriza por índices de vibración o frecuencias que pueden ser medidos el organismo humano no es una excepción. Simplificando podríamos decir que un ser humano posee una determinada frecuencia vibracional que puede cambiar cada segundo, según su estado mental, estrés interno o externo o enfermedades. El campo electromagnético es muy parecido a la fuerza vital a la que Hahnemann se refería. ¿Qué ocurre cuando un estimulo morbífico o patógeno afecta al campo electromagnético? Pueden suceder dos cosas, si es una persona de constitución bastante fuerte y él estimulo es débil, el campo electromagnético cambia el índice de vibración sólo ligeramente y por poco tiempo. El individuo no de ha dado cuenta de nada. Sin embargo, si él estimulo es lo bastante potente como para vencer a la fuerza vital, el campo electromagnético sufre un cambio mucho mayor en el índice de vibración y los efectos son sentidos por el individuo. Es cuando entran en acción los mecanismos de defensa, produciendo alteraciones mentales, emocionales o físicas, y sentidos en el paciente como síntomas. Así pues, los síntomas no son más que reacciones que tratan de liberar al organismo de influencias dañinas, o sea son manifestaciones materiales de trastornos el en dinámico campo electromagnético. La función de la homeopatía es fortalecer el mecanismo de defensa natural del organismo, aumentando sus recursos y energía. Actúa en la misma dirección que la fuerza vital. La labor del homeópata, será pues encontrar aquella sustancia cuyo “índice vibracional” armonice más con el del paciente durante la enfermedad. Cuando los índices de vibración del paciente y del medicamento armonizan ocurre un fenómeno conocido por físicos e ingenieros como resonancia. Debido al principio de resonancia, que es la ley de los semejantes, un medicamento que no cubre todos los síntomas del paciente no puede tener ningún efecto; ni dos o tres medicamentos tomados juntos harán de forma colectiva el trabajo que debería hacer uno solo. No es cuestión de cantidad, sino de calidad. Los remedios son todos diferentes en calidad, es decir, en frecuencia vibracional y crean disonancias unos con otros. Si, por ejemplo, disfrutamos oyendo dos sonatas de Beethoven, cada una nos afectara de forma sutil en su propio estilo. Pero si las mezclamos y las oímos a la vez, obtendremos una disonancia sin sentido. Cada medicamento tiene su propia frecuencia vibracional, y para que funcione, debe ser similar a la naturaleza de la enfermedad y administrarse por separado.

Aplicaciones terapéuticas

En las enfermedades crónicas.
En las enfermedades agudas.
La prevención de recaídas.
Complementaria en la cirugía y en traumatología.
Primeros auxilios.

El medicamento homeopático, al actuar a nivel dinámico, no produce efectos secundarios. Solamente puede producir agravaciones iniciales en el plano funcional o dinámico, bien si la sensibilidad del paciente es elevada o bien cuando la potencia es excesiva.

Características

Aumentan las defensas de inmunoestimulación.
Equilibran las funciones orgánicas, con el objetivo de restablecer la homeostasis.
Ausencia de toxicidad.
Economía.
Independencia.
Conclusión: curación suave, rápida y permanente.

Elaboración

Los remedios homeopáticos están elaborados a partir de cualquier sustancia de la naturaleza, ya sea mineral, vegetal o animal, que tenga propiedades medicinales, experimentadas en voluntarios sanos. Esto no quiere decir que la homeopatía tenga algo que ver con la herboristería o con la medicina natural, como muchas personas creen. No, la homeopatía no tiene absolutamente nada que ver con la fitoterapia (tratamiento con plantas medicinales), ni con la medicina natural o naturista; no obstante comparten con la homeopatía algunos principios higiénicos y de concepción de la salud.
La homeopatía se basa en una técnica farmacológica concreta y muy bien definida: la administración de medicamentos bajo el principio básico de la ley de similitud. La sustancia medicinal se ha sometido a un proceso de progresivas diluciones y dinamizaciones que la hacen más inocua y a la vez más potente, para ser utilizada como remedio similar u homeopático. Pongamos por caso Mercurius. Este remedio está preparado a base de mercurio. Pues bien, sucesivas trituraciones del metal puro, seguidas por diluciones progresivas de 1 gota en 9 gotas de agua en la escala decimal (D), y de una gota en 99 gotas en la escala centesimal (C), producen diferentes potencias del remedio, que a cada nueva dilución y al dinamizar la preparación aumentan progresivamente su fuerza medicinal. Este proceso se repite tantas veces como haga falta y es llamado potenciación. Por ejemplo, la potencia 30C (centesimal), es el resultado de repetir 30 veces el proceso de diluir 1 gota de Mercurius en 99 gotas de agua, dinamizar 100 veces cada nueva dilución y repetir este proceso 30 veces. Por lo tanto, La 30 C de Mercurius, es el resultado de diluir 30 veces una parte en 99 de agua, agitándola en total 3000 veces (100 golpes en cada uno de los 30 grados).

Métodos de elaboración del remedio homeopático

Método centesimal de Hahnemann.
Método de Korsakow(o de frasco único).
Método de cincuenta milesimales.
Uso de las potencias
Las potencias bajas, entre la 6 y la 15 D o C, se utilizan para tratar trastornos locales, agudos o muy superficiales; las potencias medias y altas, entre las 30 y 200 C y las 1000 a 100.000 C se utilizan en trastornos más importantes o de mayor profundidad. Existe también una escala especial llamada cincuenta-milesimal (q o LM), que es de elaboración más compleja, de acción más corta pero más profunda y que normalmente se reserva para el tratamiento de las enfermedades crónicas, administrada en disolución acuosa. Este tipo de potencia es igualmente útil, o incluso más, en el tratamiento de las enfermedades agudas y en los primeros auxilios.

Administración del remedio

Generalmente, los remedios homeopáticos se administran colocando unos pocos gránulos de lactosa medicados sobre la lengua del paciente. Se les permite disolverse en la lengua, pero también se pueden deglutir. El mejor momento para tomar un remedio es por la mañana antes del desayuno y antes de cepillarse los dientes con pasta dentífrica o bien por la noche una hora después de cenar. La razón es que no debe haber olores fuertes (especialmente olores aromáticos como el de alcanfor, menta, cebollas, ajo, etc.) en la boca cuando se administre el remedio; si existieran estos olores, el remedio podría perder su efecto en el mismo momento de colocarlo en la lengua. No obstante, una vez que se ha tomado un remedio, el paciente puede comer al cabo de 10 minutos. Cuando se desea una repetición frecuente, los remedios se suelen administrar en agua. El mejor procedimiento es disolver unos gránulos en un frasco de vidrio con agua destilada o mineral. Se agita el agua hasta la completa disolución de los gránulos y se toma la cantidad prescrita. Se puede guardar hasta el día siguiente en un lugar no expuesto a la luz solar directa, al calor excesivo, al frío excesivo o a los olores fuertes. El café es un antídoto de los remedios. Los pacientes homeopáticos deben evitar por completo el café. Son aceptables los sustitutos comunes como el té, el café descafeinado, los cafés hechos con cereales, etc.